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Los valores cristianos no caben en la

ponencia ideológica del PP de Rajoy

Redacción MD | Bilbao | 15 Mayo, 2008

Tras el abandono de María San Gil de la ya famosa ponencia política, todos los focos de atención se han puesto en lo que los 25 folios decían sobre la relación del PP con el nacionalismo, y si pese a su tenor literal, no nos encontrábamos con papel mojado, dada la reacción de San Gil, que claramente no se fía de la dirección de su partido en esta materia, por mucho que diga o deje de decir la ponencia de marras.

También en la ponencia se empeñan en decir que “el PP es un partido político de Centro que hace de la moderación el eje central de su discurso y praxis política y que es consciente del ansia generalizada de la sociedad española por moderar la vida política en nuestro país”, es decir el PP no es un partido para los votantes de derechas, según parece, porque, asumiendo la propaganda de la izquierda, la derechas no son capaces de ser moderadas.

Pero para los sectores conservadores y católicos de la derecha española, también es significativo, y suponemos de alto grado de preocupación, que la ponencia pase muy por encima de la defensa de valores cristianos, no ya como cuestión religiosa, sino como acervo socio-cultural sobre el que se asienta la identidad de España como nación. Cuando habla de los principios y valores en que se inspira el PP, se dice “España se ha incorporado con un formidable vigor al grupo de las democracias occidentales avanzadas. Ha compartido los principios que han permitido al mundo vivir una de las épocas de mayor progreso en la historia de la humanidad”. Ninguna referencia pues a la herencia cristiana de Europa, ni a la católica de España.

Apenas alguna referencia genérica a la defensa de la familia y la dignidad humana, con la muy significativa omisión del rechazo expreso al aborto o a la eutanasia. Además la ponencia no se pronuncia con rotundidad en contra de la polémica Educación para la Ciudadanía.

Tampoco es que la doctrina social de la Iglesia tenga mucha cabida en una declaración programática que sin duda –pese a lo que digan los detractores procedentes del lobby ultraliberal- apuesta firmemente por el liberalismo económico, ya que eleva el mercado libre a la categoría de valor, que pretende defender el PP en el marco del liberalismo, que sí asume como principio rector reformista. En cuanto a la Justicia Social, entre mucha igualdad para discapacitados, mujeres y mayores, una críptica declaración: “una sociedad justa es aquella que promueve políticas proactivas que eviten la marginación y las desigualdades”.

El individualismo que se preconiza desde estas posiciones liberales no se compagina bien con la idea de bien común que la encíclica Rerum Novarum definía como el conjunto de condiciones de la vida social que permiten que las asociaciones humanas y cada uno de sus miembros alcancen de manera más fácil e íntegra la perfección que les corresponde. Y es que la doctrina social de la Iglesia no concibe el estado al modo liberal, como mero garante formal del orden legal, para que el individuo pudea vivir en sociedad. El Estado debe velar por el bien común como propia misión suya. Pero es que además este bien común no es la mera suma de los bienes particulares, como preconiza el liberalismo que sostiene el PP. Como Aristóteles nos enseña, “incluso en el orden matemático seis es algo más que tres más tres”. O como enunciaba Santo Tomás, “cada persona individual es, con respecto a toda la comunidad, lo que la parte con respecto al todo”. Esto diferencia el modo de pertenencia a la sociedad estatal de cualquier otra de fines específicos y hace que el colectivismo positivo y personalista, no totalitario, sea preferible al individualismo, como formula para justificar la acción estatal.

Vamos, que Rajoy ya no quiere eso que tanto ha pedido durante la campaña, los votos de los católicos y de los que creen en la Nación española.

A ver si se enteran los obispos de quienes son los que le han traicionado para que den de lado a los partidos católicos.