El pasado lunes se celebró el acto de Homenaje a caídos del Cuartel de
la Montaña. Al comenzar pasaban unos minutos de las 21 horas y todavía
lucía el sol. La temperatura y el ambiente era agradable y un buen
número de camaradas estaban congregados al pie de la escalinata del
monumento, junto al tempo de Debod, en lo que para algunos supone la
despedida del curso político para un descanso estival.

Con la solemnidad habitual de estos ritos, dos camaradas de acrisolada
militancia depositaron una corona de laurel. A continuación, una de las
buenas mujeres falangistas ofrendó las cinco rosas. Sonó clara nuestra
oración por los caídos. Remueve conciencias.

Por fin Carlos Batres, presidente de la Hermandad Nacional de la Vieja
Guardia, tomó la palabra. Era el momento del recuerdo para los
falangistas que dejaron su ejemplo con su sangre en aquel lugar hace 72
años. Lejos de erróneos folklores y de la insidia de “las dos Españas”
que de vez en cuando se lanzan muertos a la cara, este es el recuerdo
desde el respeto a quien lucha hasta dar la vida por una España que ni
nos gustaba entonces ni nos gusta hoy porque como decía una de nuestras
canciones: “la lección no sirvió para que el pueblo despierte”.

Manuel Andrino, nuestro Jefe Nacional, dejó como siempre claro que no
entendemos otra manera de homenaje y de ejemplo que la de mirar hoy
adelante, en 2008, y desafiar de frente a un sistema en profunda crisis
donde desde los valores que forman el pilar de nuestra vida como
sociedad se tambalean tanto como lo más inmediato, necesario y
cotidiano, como la pura supervivencia porque hay quien no llena la cesta
de la compra.

Cuando llegaba el crepúsculo y comenzaba a encenderse el alumbrado
público se alzaron los brazos. Entre luces sonó el himno de La Falange,
que no cierra en verano.

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